¿Quieres saber cómo terminé estudiando en Brasil?

Estaba en mi tercer año de universidad cuando tomé una decisión que, sin saberlo, cambiaría el rumbo de mi vida. Me ofrecieron la oportunidad de realizar un intercambio universitario y me dieron a escoger entre dos destinos: Chile o Brasil. En ese preciso momento no supe qué decir.

No tenía mucho dinero.

No tenía pasaporte. No hablaba portugués…

Pero aun así, algo dentro de mí decía que tenía que intentarlo.

El proceso comenzó con dudas… y consejos clave

Poco a poco, durante el proceso de orientación, comenzaron a darme consejos que marcaron la diferencia. Me hablaron sobre becas internacionales dirigidas a estudiantes con alto rendimiento académico. Fue ahí cuando entendí que el intercambio no dependía solo de dinero, sino de preparación y compromiso.

Apliqué a varias becas, entre ellas la Beca Gilman y la Beca Iberoamericana, que se convirtieron en el verdadero impulso para hacerlo realidad. Gracias a ellas pude cubrir:

• Alojamiento • Transportación • Alimentación • Gastos personales • Costos académicos

Ese respaldo fue lo que hizo posible decir: sí, voy a Brasil.

El intercambio: sencillo, pero exigente El proceso para aplicar al intercambio no fue complicado, pero sí riguroso. Requería cumplir con varios pasos:


• Ensayos en español, inglés y hasta portugués

• Alto rendimiento académico
• Cumplir con una cantidad específica de créditos

• Cartas de recomendación

• Entrevistas

• Y finalmente, la aceptación de la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande del Sur en Porto Alegre.

Mientras todo avanzaba, las piezas comenzaron a acomodarse solas. Tramité mi pasaporte, fui aprobado en ambas becas y envié documentos desde Puerto Rico a Brasil. En menos de dos meses recibí la aceptación oficial.

Al mismo tiempo, envié mi pasaporte al consulado en Miami para tramitar la visa de estudiante, un proceso distinto al de turismo y que toma más tiempo.

Enero 2014: el mes que lo cambió todo

Entre documentos, entrevistas y clases, el tiempo pasó rápido… y llegó enero de 2014. Ya había seleccionado las seis clases que tomaría durante el intercambio:


• Técnicas de periodismo

• Publicidad en Brasil
• Propaganda y publicidad contemporánea
• Portugués para extranjeros
• Ética
• Inglés comercial

Como también escogí el apartamento donde viviría por aproximadamente ocho meses.

Llegar a Brasil y empezar desde cero

Al llegar a Porto Alegre, todo era diferente a Puerto Rico: el idioma, las calles, la comida, la cultura. Ese primer día me recibieron con una pancarta que decía:

“Bem-vindos ao Brasil Luis”… Nunca lo voy a olvidar.

Curiosamente, ese mismo año tres estudiantes brasileñas estaban de intercambio en la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico Recinto de Ponce, y los padres de una de ellas fueron quienes me recibieron en el aeropuerto y me llevaron tanto a la universidad como al apartamento. Desde el primer momento, sentí apoyo.

Ese día comenzó oficialmente la aventura de estar solo en un país que no conocía del todo.

Vida universitaria, amistades y mundo nuevo

El primer día de clases fui a la oficina de intercambio. Nos recibieron con comida típica, música y una bienvenida junto a todos los estudiantes internacionales de ese año. Rápidamente hice amistades. Con el tiempo, esas amistades se volvieron familia.

Compartí experiencias con personas de:
Colombia, México, Chile, Grecia, Italia, Francia, Cuba, Panamá, Venezuela, España, Japón, Alemania… entre muchos otros. Estudiábamos juntos, salíamos a conocer la ciudad, celebrábamos fechas importantes y vivíamos el día a día como estudiantes en otro país.

Luego me integré a Famecos, una asociación para estudiantes de comunicaciones y creatividad.

Aún no sabía que ese viaje me iba a cambiar la vida.

Viví el carnaval en las calles de Porto Alegre.
Y sin planearlo, también me tocó estar en Brasil durante la FIFA 2014, entre junio y julio. Me enteré de eso… ya estando allá.

Explorar Brasil más allá de la universidad

En mis días libres aproveché para conocer otras ciudades del país:


• Curitiba
• Florianópolis
• Gramado
• Caxias do Sul
• Foz do Iguazú
• Río de Janeiro
• São Paulo

Cada ciudad me enseñó algo distinto. Cada viaje sumó una experiencia más.

Hoy, mirando hacia atrás, entiendo que ese intercambio no fue solo académico. Fue una lección de vida.

Me enseñó que no hay que tenerlo todo resuelto para comenzar, que los procesos existen para guiarnos, y que viajar cuando se hace con propósito puede transformarte desde adentro.

Ese fue mi primer gran salto.


Y sin saberlo… también fue el inicio del viajero que soy hoy.